Hung Ki Kim

Cuenta Hung Ki Kim que desde que el primogénito de la familia, su hermano Hong Ki, puso la primera piedra en 1972 (15 de enero) de lo que es hoy por hoy la Escuela Nacional situada en Puerto La Cruz, su vida se convirtió en un combate permanente en diferentes ámbitos de la vida.

Y es que además de ser exigido desde muy niño en todos los aspectos técnicos y tácticos del taekwondo, Hung Ki tuvo que aprender diversas artes marciales para afrontar retos propios que se le presentan a un peleador. Aquel dicho entre combatientes que reza que “Un peleador siempre será un peleador”, valida en pleno esta historia.

A mi hermano y a mí nos tocó pelear con gente proveniente del kárate, del boxeo chino, del kenpo, de todos los deportes de combate. Para inicios de la década de los 70 ya en el país el rumor del llamado ‘kárate coreano’ en Puerto La Cruz empezaba a tomar fuerza, y ellos llegaban para retarnos”, rememora Hung Ki, quien  lleva las riendas de la Federación Venezolana de Taekwondo desde 1991.

La familia Kim llegó a Venezuela proveniente de Corea en 1970, de la mano del Coronel retirado del Ejército Sung Don Kim, quien se decantó por tierras criollas apasionado por la paz que brinda la pesca en la zona oriental, quizá un poco para contrarrestar años de conflictos políticos y bélicos en su tierra natal, y para brindarle mayor seguridad y nuevas oportunidades al trío femenino de la dinastía: la señora Zonia, y las hermanas Jonny y Yonzú.

Camino del guerrero




Cinco años pasaron para que Hong Ki viera a su hermano menor alcanzar el grado de cinturón negro en 1977.

Además de taekwondo, Hong Ki instruyó a Hung Ki en otros sistemas de combate como el judo, el hapkido y el boxeo, tal vez buscando esa complejidad en el dominio táctico de todos los sistemas.

Pasábamos horas analizando peleas de taekwondo y boxeo, buscándole la lógica al combate pero por sobre todo estudiando cómo psicológicamente nuestros paisanos de Corea aterrorizaban a los rivales. Fueron dos años de duro estudio”, recordaba hace unos años el maestro Hong Ki, en una entrevista realizada por la página web de la BBC de Londres sobre los orígenes y el despegue del taekwondo olímpico criollo y latinoamericano.

Hung Ki Kim destacó como competidor en diversos eventos internacionales, entre ellos el III Campeonato Mundial de Taekwondo en Chicago, USA, en  1977, pero su buena técnica y claridad táctica tendrían otro destino: la formación de la generación más gloriosa de taekwondistas venezolanos.

Luego de casi 10 años como competidor Hung Ki Kim se vio en una encrucijada: seguir batallando por alcanzar la gloria como atleta o potenciar con sus conocimientos el legado que había levantado su hermano mayor, decantándose – para gloria y honra del deporte venezolano- por esta última.

Fue así como mientras Hong Ki Kim era exigido por la Federación Mundial de Taekwondo para cumplir cargos relevantes en el orbe y en el área panamericana (se radicó en Miami, Estados Unidos), a mitad de la década de los 80 Hung Ki Kim asumió las riendas de la Escuela Nacional, iniciando así un camino que a mediano plazo lo catapultó como el entrenador más exitoso de este arte marcial en el país, y hasta en el continente.




El legado

Si bien no formó parte de la primera junta directiva cuando se fundó la Federación Venezolana de Taekwondo (26 de octubre de 1984), Hung Ki Kim fue uno de los propulsores de la organización del que, hasta ahora, es el segundo deporte que más preseas olímpicas le ha brindado a esta nación con cuatro metales (un oro y tres bronces).

Con la experiencia previa de una hazaña alcanzada en un torneo invitacional en San Juan, Puerto Rico, que marcó un antes y después en la mentalidad del taekwondista venezolano, en 1985 inicia el peregrinaje dorado de Hung Ki Kim como entrenador, y el despegue del taekwondo venezolano fuera de nuestras fronteras.

El menor de los hermanos Kim fue entrenador del equipo nacional por casi 10 años (1985-1992), lapso en el que guió, entre muchos otros, a peleadores legendarios como Arlindo Gouveia, Carlos Rivas y Adriana Carmona, quienes marcaron un antes y un después en  la historia del taekwondo venezolano y latinoamericano enfocados en dos premisas: la excelencia deportiva y la calidad humana.

Con Kim al frente, nuestro país sumó logros en cuatro campeonatos panamericanos (Guayaquil 86, Lima 88, Puerto Rico 90 y Colorado 92), en los que alcanzó un título por equipos en 1990, al tiempo que en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 1987 y en los de La Habana 1991 sumó par de subcampeonatos.

A esto hay que sumarle la gloria en Bolivarianos (Cuenca 1985 y Maracaibo 1989) y el título masculino y subcampeonato femenino en el debut del taekwondo venezolano en el área centroamericana, en la cita de México 1990.

Antes de su consagración como entrenador, de la mano de la sabiduría de su hermano mayor, Hung Ki Kim llevó a Venezuela a los Campeonatos Mundiales de Barcelona 1987 y Seúl 1989, última cita donde Gouveia y Rivas hicieron combates memorables ante los fenómenos del taekwondo coreano Kim Chul Ho y Kwon Tae Ho, esto avalado por el desempeño que brindaron George Kahakajian, Gerardo González y Leonardo Cipriani, una labor que fue retribuida con el trofeo “Espíritu de Combate”.

La consagración

El sueño de los hermanos Kim tuvo un previo en el Mundial de Grecia 1991, pero la gloria tenía como epicentro, cinco años después, la sede del primer torneo orbital de Kim como estratega: Barcelona, España, epicentro en 1992 de los Juegos Olímpicos.

En esos Juegos, Kim empleó a fondo sus conocimientos tácticos y logró algo inédito en el país: dos medallas olímpicas en taekwondo, aunque este deporte no estaba oficializado para entonces.

Primero con Adriana Carmona (16 años), quien fue la primera dama criolla en subir a un podio olímpico (bronce), y luego con Arlindo Gouveia (20 años), un crack para la época en combate que se dio el lujo de ser el primer peleador que venció a un coreano en un torneo internacional en los 54kg.

El falconiano derrotó a Seo Sung-Kyo, quien al momento llegaba como favorito para el oro por su estirpe de campeón mundial estudiantil (Santander 1990) y subcampeón asiático (Kuala Lumpur 1992).

Estos éxitos sentaron el precedente de lo que posteriormente fueron los bronces de Adriana Carmona en Atenas 2004 y de Dalia Contreras en Beijing 2008, así como las decenas de preseas mundiales que ostenta nuestro país.


Filosofía de vida

Uno puede cuantificar los logros del taekwondo venezolano en números, en estadísticas, pero de la mano con los resultados, creo que lo más importante ha sido todo el aporte que le hemos dado a la sociedad, al país, dando ejemplo y promoviendo los valores, la paz, el mensaje a la no violencia”, reitera Hung Ki Kim, para quien “mantenernos fiel a esta filosofía es lo que nos ha permitido darle a Venezuela resultados con atletas que son medallistas de oro dentro y fuera del área de combate”.

Las más de 300 instituciones bajo la doctrina Kim que funcionan en todo el país son el punto de partida de “lo que nos trazamos desde niños: tener una Venezuela cargada de valores, y qué mejor manera de aportar hacia ello que haciendo y enseñando lo que nos gusta: el taekwondo”.

Créditos:
Federación Venezolana de Taekwondo

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